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La batalla de San Carlos
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 6:58 pm    Asunto: La batalla de San Carlos Responder citando





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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 7:01 pm    Asunto: Responder citando

En estas dos se ven a dos marineros posando para las c?maras:





En esta otra se ve una bater?a de los temibles Rapier

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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 7:08 pm    Asunto: Responder citando

La famosa pista de San Carlos, para el que no la conoc?a:









Saludos, JPL.
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 7:10 pm    Asunto: Responder citando

M?s de la pista de San Carlos y un accidente :







Saludos, JPL.
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MensajePublicado: Mie May 21, 2008 7:11 pm    Asunto: Responder citando







Saludos, JPL.

[color=brown:7471e94188]PD: Los errores fueron corregidos gracias a la colaboraci?n de "Raptor"[/color:7471e94188]
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MensajePublicado: Jue May 22, 2008 5:02 pm    Asunto: Responder citando

Héroes de San Carlos

C.C. Alberto Phillipi y T.N. José César Arca.
Ambos junto con el T.F. Marcelo M?rquez integraban la secci?n de la 3ra Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque que en la tarde del 21 de mayo bombarde? a la fragata HMS Ardent. Los tres fueron derribados poco despu?s por una PAC de Harriers. M?rquez muri? pero Arca y Phillipi lograron eyectar y se salvaron. El primero cay? cerca de Puerto Argentino y fu? recogido por un helic?ptero del Ej?rcito. En tanto Phillipi, que era el jefe de la secci?n, vino a descender en paraca?das cerca de Puerto King, donde gan? la costa y d?as despu?s se reintegr?, v?a Puerto Argentino, a su unidad.



Saludos, JPL.

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La balada del piloto bahiense y el estanciero kelper:

La balada del piloto bahiense y el estanciero kelper



Ese 21 de mayo de 1982, despu?s de conocer la orden de ataque, el bahiense Alberto Philippi entendi? que hab?a hecho lo correcto. Por m?s que su vida corriera peligro.

Estaba c?modo en la Base Aeronaval R?o Grande de la Armada, cerca de Graciela y sus cuatro hijos. Pero el pa?s se preparaba para sangrar la guerra por nuestras Malvinas y ?l, capit?n de corbeta experto en los aviones A4Q Skyhawk (Aguila del Cielo), sab?a que uno de cada tres pilotos era novato. Por eso hab?a vuelto.

Y ahora, a los 43 a?os, deb?a dar un paso al frente de combate. Los ingleses acababan de desembarcar en San Carlos con la protecci?n de la fragata HMS Ardent , que en el amanecer, mientras bombardeaba posiciones argentinas en Darwin y Pradera del Ganso, soport? 16 incursiones de Mirages y Daggers de la Fuerza A?rea.

El Comando de Aviaci?n Naval defini? la acci?n: seis aviones atacar?an la zona, sin escolta y sin superioridad a?rea.

Alberto (que en el aire era Mingo ) lider? una secci?n de tres, integrada adem?s por el teniente de nav?o Jos? C?sar Arca (Cacha ) y el teniente de fragata Marcelo M?rquez (Loro).

Despegaron de R?o Grande a las 15.15. Cada uno llevaba cuatro bombas de 500 libras tipo Snake Eye (Ojo de Serpiente), de efecto retardado para poder alejarse de las explosiones.

Antes de llegar a Malvinas descendieron y tomaron a la derecha por la costa del Cabo Belgrano, que era un dedo indicando el camino . Llov?a y las nubes permanec?an muy bajas. Todo estaba oscuro.

Llegaron a la entrada sur del Estrecho San Carlos (el que separa las islas Gran Malvina y Soledad). En Puerto Rey vieron al averiado buque de transporte R?o Carcara?? . Volaban a 800 kil?metros por hora y casi a nivel de las olas; el agua golpeaba los parabrisas.

De repente, entre las rocas Alberto divis? los m?stiles de una fragata que rumbeaba al centro del canal. Era la HMS Ardent , que hu?a luego de haberlos detectado (y sin que ellos se hubieran enterado: ning?n A4Q dispon?a del sistema para avisar cuando el radar enemigo los localizaba).

Alberto se?al? el blanco y orden? el ataque.

Al asomarse recibieron una pared de fuego que Arca, el segundo de la formaci?n, s?lo hab?a visto en las pel?culas.

Cuando Alberto solt? las bombas, Arca dese? que errara. Iba entre siete y diez segundos detr?s, y necesitaba 19 para evitar las esquirlas. Sin embargo, mientras maniobraba para escapar, Alberto escuch?:

--?Muy bien, se?or!

Era Arca reportando lo que no quer?a: el ?ltimo explosivo del jefe hab?a hecho impacto directo en popa.

Alberto mir? sobre el hombro izquierdo y vio a la fragata brit?nica humeando su destino: Ardent significa ardiente. Y ard?a. Arca liber? sus bombas y atraves? la columna de fuego.

--?Otra en la cubierta! --avis? M?rquez.

Los tres volv?an por donde hab?an llegado cuando una palabra repetida son? en la radio y los paraliz?:

--?Harrier, Harrier!

Fue lo ?ltimo que dijo el teniente M?rquez antes de que lo alcanzara una r?faga de ca?ones de 30 mil?metros. Ni Mingo ni Cacha vieron c?mo se desplumaba el Loro.

Alberto y Arca intentaron refugiarse en las nubes, pero ten?an la patrulla de dos Sea Harrier muy encima.

Pese a las aver?as, Arca logr? fugar. En cambio Alberto sinti? una explosi?n en la cola. La nariz del avi?n se elev?, descontrolada. Con los dos brazos intent? maniobrar. No pudo. El motor no respond?a. Mir? a la derecha y a 150 metros ven?a un Harrier a rematarlo.

--Estoy bien, me eyecto --comunic?. Accion? el mecanismo y se produjo un ruido descomunal. Alberto sinti? un dolor tremendo en la nuca. "Caigo como una roca", pens? antes de desmayarse. (1)

Podr?a haber muerto: el manual del piloto recomienda eyectarse a 240 kil?metros por hora y nunca a m?s de 650. Alberto lo hizo a 900 km/h.

Y por eso al recuperar el sentido agradeci? a Dios. Colgaba en el aire, sin casco ni m?scara, y abajo lo esperaban las aguas g?lidas. Pero durante el combate el ox?geno puro le hab?a emborrachado la sangre y con tanta adrenalina ni cuenta se dio del fr?o.

Mientras descend?a advirti? que el viento del oeste arrastraba el paraca?das hacia la costa de la isla Soledad y empez? a hacer fuerza sobre las cuerdas para colaborar con la suerte.

Intent? inflar el bote; la v?lvula (quiz? congelada) se abri? y no respondi?. Entonces para flotar pas? a depender de su chaleco de supervivencia.

La ca?da fue much?simo m?s violenta de lo que esperaba. Se hundi? unos tres metros. Lo levant? el paraca?das y de nuevo en la superficie se dej? ir. La corriente lo acercaba, pero a unos 100 metros de tierra firme se enganch? en las algas. (2)

Las cort? con un cuchillo, solt? el paraca?das y empez? a nadar. Se le enred? el arn?s. Y despu?s el paquete de supervivencia. Lleg? a la playa tan exhausto que no pod?a caminar.

Tir? la emergencia radial y trat? de descansar un poco. Mir? la hora: todav?a no eran las cuatro de la tarde pero faltaba poco para que se fuera el sol. Empez? a cavar una cueva de zorro con el cuchillo (un Puma alem?n modelo White Hunter que le hab?a regalado a su hijo menor; pero Manfred a sus dos a?os y medio no lo iba a necesitar y Alberto se lo llev?). Cuando termin? lo cubr?a la impenetrable noche malvinense.

Mientras dorm?a los ingleses abandonaron la HMS Ardent . Cada uno de ellos vio c?mo las llamas la devoraban. Y antes de arribar a la costa todos la vieron irse a pique.

--Esta es la fragata HMS Ardent. Estamos averiados y nos hundimos por popa.

Tony Blake escuch? pasmado el mensaje. No era como los otros que sol?a interceptar y grabar entre tanto ruido de guerra: en este, el emisor irradiaba el nombre de la embarcaci?n, neutralizada por los ataques argies. (3)

Lament? la noticia, pero ten?a que hacer. No es f?cil administrar una estancia como "North Arm" (Brazo Norte), que se extiende a lo largo de 150 mil hect?reas pobladas por 72 mil ovejas y 365 caballos: "Uno por cada d?a del a?o", le gustaba ilustrar.

M?s o menos cada una hora, Alberto se levantaba y trataba de encender un fuego. En una de esas, a las 2, el cielo se ilumin?. Un barco enemigo bombardeaba al triste, solitario y ya finalizado R?o Carcara?? , quiz? porque al registrar la se?al del piloto bahiense crey? que a?n quedaban tripulantes.

Los tiros pasaban muy cerca y los brit?nicos pod?an desembarcar. (4) "El Se?or es mi pastor, nada me falta", recitaba Alberto. El salmo 23 le daba fuerzas. Dios lo acompa?ar?a en su repliegue.

Camin? varios kil?metros hacia el sur. Recordaba que en los mapas de la regi?n aparec?an ranchos de ovejas y esperaba masticarse alguna: la comida de supervivencia se le escurr?a.

Y de repente Tony Blake dijo:

--Por ac? anduvo alguien.

La guerra y sus avatares eran de lejos lo m?s excitante que hab?a vivido desde el d?a que lleg? a las islas para hacerse cargo del rancho. Y quiz? tambi?n en sus 42 a?os.

El s?bado 22 de mayo de 1982 patrullaba la vasta zona campestre (de un lado al otro de "North Arm" hab?a unos 55 kil?metros) con otros kelpers. Detectaron en la bah?a al buque R?o Carcara?? y la curiosidad los arrim?. Entonces vieron las huellas humanas en el suelo.

--Tenemos que saber qu? est? pasando --dijo Tony.

El domingo, un d?a y medio despu?s del ataque, Alberto se acerc? a un peque?o grupo de corderos silenciosos. Tom? la calibre 38 y apunt?, pero permanec?a h?meda.

Entonces improvis? una manga y arri? seis animales. Eligi? uno. Con el cuchillo de Manfred le cort? la garganta y (cazador de ley) lo carne? y limpi? prolijamente, aunque se lastim? un dedo. Junt? turba y quiso prenderla con f?sforos; todav?a estaban mojados. Sali? del paso con una bengala. As? a fuego bajo una pata y un brazuelo.

"El Se?or es mi pastor, nada me falta." Devor? el banquete y guard? en la mochila una raci?n similar para despu?s.

Tony Blake no se alter? al encontrar los restos de uno de sus corderos. "Qu? bien carneado. El que lo hizo sab?a lo que hac?a", pens?. La piel del animal estaba colgada como se debe.

--Sigamos --pidi?.

Al mediod?a del lunes 24 el hambre detuvo la marcha de Alberto. Com?a el otro brazuelo apoyado contra un poste cuando advirti? movimiento de veh?culos a unos dos mil metros. Hizo se?ales con un espejo y esper?.

Un tractor y un Land Rover se aproximaron.

--No weapons! --grit?, con la idea de tranquilizar a los desconocidos. Pero estaba listo para recurrir a sus armas.

Un hombre se baj? de la camioneta. Cargaba una escopeta de caza y dijo que se llamaba Tony Blake. En buen ingl?s, Alberto tambi?n se present? y le coment? que pretend?a regresar con las tropas argentinas. Tony lo mir? de arriba abajo. Le pareci? que le vendr?a muy bien una afeitada; luc?a ?spero, aunque no peligroso.

--Suba --indic?.

Alberto se sent? en el Rover entre Tony y un acompa?ante. Hab?a dormido a la intemperie tres noches, con la misma ropa y sin ba?arse; sin embargo, nadie not? olores fuertes.

Tony detuvo el coche en la colina Top Standing Man, la m?s alta de la zona. Abajo, a unos cinco kil?metros, el casco de la estancia "North Arm" era una mancha en el paisaje silvestre. Busc? los ojos de Alberto y con la mayor firmeza de la que fue capaz le dijo:

--Si me das tu palabra de que no me vas a traer problemas, podr?s quedarte en mi casa. Si no, voy a tener que encerrarte.

--Por supuesto --concedi? Alberto: "El Se?or es mi pastor, nada me falta"--. S?lo quiero volver con mi gente.

--Yo te voy a ayudar. Pero ahora no hay nada que hacer. Reci?n ma?ana pediremos que te vengan a buscar.

Cada d?a, entre las 8 y las 8.30, funcionaba la llamada Medical Net (red m?dica), ?nico espacio para que los granjeros establecieran contacto radial con Puerto Argentino.

En la residencia Blake viv?an Tony, su esposa Lyn y los hijos, Tom y Heidi. Por la guerra ten?an dos inquilinos : Joan y Mark, mujer e hijo de Terry Spruce, funcionario de la entonces poderos?sima Falkland Island Company, quien se hab?a quedado en la capital.

Ninguno demostr? que para ellos el argentino era otro invasor. Alberto se duch? y al salir del ba?o Tony le entreg? ropa limpia. Ten?an casi el mismo talle. Despu?s de cambiarse apareci? Lyn.

--Ponete c?modo --dijo ella. En sus manos llevaba un atado de cigarrillos Rothmans, una brocha, una hoja de afeitar, pasta dent?frica y un cepillo de dientes--. Te esperamos para tomar el t?.

Algo ol?a riqu?simo. Alberto vio que Lyn met?a el cuchar?n en una olla, descargaba el contenido sobre una plancha caliente y sin humo sal?an unos escones...

--?Deliciosos! --halag?.

Charl? un rato con Tony. Descubrieron que ten?an varias cosas en com?n: amaban la caza y la pesca y eran radioaficionados. "Este es un buen hombre", pens? el anfitri?n.

En Puerto Argentino oyeron que en la casa de Tony Blake estaba sano y salvo el capit?n de corbeta Alberto Philippi, contestaron que mandar?an un helic?ptero a la brevedad posible y cortaron la comunicaci?n, para darle al instante la buena nueva al comandante de la escuadrilla en R?o Grande.

El capit?n de corbeta Rodolfo Castro Fox no lo pod?a creer. Para todos, Alberto hab?a desaparecido en acci?n. Inmediatamente trep? al jeep y recorri? cinco kil?metros hasta la casa de los Philippi.

Desde el 21 de mayo Graciela no era la misma se?o de la escuela; hab?a visto salir seis aviones y volver tres. Faltaba la secci?n completa de su marido. Y ahora, cuatro d?as despu?s, escuchaba: "?S?, Alberto est? vivo!". (5)

--?Te gustar?a conocer la estancia? --invit? Tony. Le prest? un par de botas de goma y una campera y subieron al Rover. Llegaron a un galp?n de esquila construido a finales del siglo XIX e impecablemente conservado: incluso las m?quinas y herramientas centenarias resist?an la jubilaci?n. Tony interrumpi? a los obreros para contarles qui?n era el extra?o y qu? hac?a ah?.

El encargado del lugar, un grandul?n de mejillas coloradas, reclam? atenci?n:

--Tenemos dos motivos para celebrar --arranc? pomposa, ceremoniosamente. Y dirigi? su mano derecha al bolsillo trasero del pantal?n. Tony sospech? que el personaje iba a sacar un arma para matar a Alberto.

Se alarm? y con raz?n: quien hablaba era Des Peck, menos conocido como poeta que como furioso antiargentino. Sin embargo, Peck sac? una botella de ron Lamb's--. Dos motivos: este piloto sobrevivi? a un terrible accidente y hoy es d?a patrio en la Argentina.

Mientras Tony cerraba los ojos con alivio y sorpresa, Alberto tomaba un trago y la dimensi?n del tiempo otra vez: era 25 de mayo. (6)

Hab?a provocado el hundimiento de una fragata enemiga, dos Sea Harrier hab?an derribado su avi?n, hab?a pasado tres d?as enteros solo y al aire libre, lo hab?a ayudado un kelper y ahora lo rescataba un helic?ptero de la Fuerza A?rea, justo al mediod?a del 25 de mayo. Llorar era lo de menos.

--Esto es para el peque?o Manfred. --Tony le extendi? una peque?a caja. Dentro hab?a un camioncito amarillo de colecci?n marca Matchbox.

--Y esto es para Graciela. --Lyn le entreg? un sobre--. No lo abras. Simplemente d?selo: ella va a saber qu? hacer.

Un d?a del v?nculo m?s humano hab?a bastado para hacerlos lagrimear a todos.

"Se?or, que no lo bajen --implor? Tony. Sab?a que las fuerzas inglesas volteaban helic?pteros argentinos como moscas--. A este no, por favor."

Alberto volvi? a sentir la guerra en Darwin.

Cada 15 o 20 minutos los Harriers tiraban algo, mientras las tropas brit?nicas preparaban el asalto decisivo.

Al d?a siguiente, el 26 de mayo, tom? el ?ltimo helic?ptero que vol? a Puerto Argentino antes del ataque.

En la capital percibi? optimismo. O eso crey? luego de buscar cobijo espiritual en el capell?n naval. Al o?r el relato del piloto, protestante de religi?n, el presb?tero cat?lico capit?n de nav?o Angel Mafezzini (el mismo que hab?a participado en el desembarco del 2 de abril) repar? en la reiteraci?n del salmo 23. Busc? en su bolsillo. Sonri?.

--?Este? --le pregunt?. En la palma de la mano ten?a un adorno de porcelana. Simbolizaba un libro abierto. "El Se?or es mi pastor, nada me falta", dec?a el texto.

Esa noche Alberto juntaba sus cosas para retornar al continente. Aunque algo ol?a mal. La pata del cordero: todav?a estaba en la mochila.

El H?rcules C-130 intent? despegar, pero las bombas con retardo de los ingleses empezaron a explotar.

Reci?n el 28 de mayo parti? rumbo a Comodoro Rivadavia, donde se reun?an los replegados. Alberto le dijo al comandante que quer?a bajarse en R?o Gallegos para estar con su familia.

--Tengo orden de llevarlos a Comodoro --contest? el piloto.

El H?rcules aterriz? en Gallegos para cargar combustible y al primer descuido Alberto dej? el avi?n. Camin? por la pista hasta el aeropuerto y se cruz? con el capit?n de fragata Miguel Boix, quien le prest? un jeep para ir hasta la base de Marina.

Ah? sus camaradas coordinaron con Prefectura para que lo trasladaran en un Skyvan (Camioneta del Cielo); seg?n Alberto, un Citr?en volador.

Todo el grupo aeronaval le dio la bienvenida en R?o Grande. Incluso los tenientes de nav?o Benito Rotolo, Carlos Lecour y Roberto Sylvester, los tres integrantes de la otra secci?n de A4Q que hab?a salido el 21 de mayo.

Por supuesto, apenas lo saludaron. Ten?a que volver a casa. Graciela y los chicos lo esperaban. (La bella emoci?n que produce el recuerdo de ese reencuentro queda mucho mejor en el coraz?n de Alberto que en un papel de diario.)


Notas a vuelo de estribo

Alberto Philippi descans? poco. Tuvo que volver a la escuadrilla porque hab?a comenzado un reclutamiento de emergencia: pilotos expertos que se desempe?aban en vuelos de Aerol?neas Argentinas y de Austral entraron en acci?n. Alberto deb?a adiestrarlos.

Eso hizo hasta el ?ltimo d?a de la guerra. No volvi? a pelear.

Luego de la rendici?n del 14 de junio de 1982 recibi? dos condecoraciones de Honor al Valor en Combate, una de la Marina y otra de la Naci?n Argentina, pero no lo ascendieron.

En 1983 comand? nuevamente la III Escuadrilla de Caza y Ataque, desactivada tras 15 a?os en diciembre de 1986.

Entre 1990 y 1992 trabaj? como asesor en el Colegio Interamericano de Defensa, en Washington.

En 1994 dej? la fuerza con el grado de capit?n de nav?o. Ten?a 54 a?os.

"Me felicito por la decisi?n --dice-- porque pude pasar con Graciela sus ?ltimos a?os." Una enfermedad la arranc? de su lado en 1998. Entre much?simas otras cosas, ella lo deleitaba con unos escones exquisitos cuya receta le hab?a llegado en un sobre arrugado.

El A4Q Skyhawk 0660/3-A-307 que piloteaba Philippi recibi? el impacto de un misil aire-aire AIM-9L, lanzado desde un Sea Harrier por el teniente Clive Morrell, miembro del Escuadr?n 800 de la Royal Navy que operaba desde el portaaviones HMS Hermes. Despu?s de la guerra Morrell fue ascendido y le otorgaron la medalla del Atl?ntico Sur.

El avi?n del teniente de nav?o Jos? C?sar Arca sufri? una serie de impactos que da?? las dos alas, pero igual zaf? del remate y lleg? a Puerto Argentino. Quiso aterrizar y no pudo. Se eyect? en la bah?a y lo rescat? un helic?ptero del Ej?rcito.

El teniente de fragata Marcelo M?rquez muri? en el acto cuando su m?quina se desintegr? en el aire luego del ataque de un Sea Harrier comandado por el teniente John Leeming.

Un par de horas despu?s de la incursi?n de Philippi, Arca y M?rquez, el comunicado N? 74 del Estado Mayor Conjunto enumeraba las p?rdidas del enemigo. Entre ellas: "[...] cuatro fragatas con aver?as de gran magnitud, de las cuales una fragata tipo 42 y otra no identificada se habr?an hundido".

Poco m?s tarde el ministro de Defensa brit?nico John Nott admit?a a la prensa que la Aviaci?n Naval argentina hab?a provocado el hundimiento de la fragata HMS Ardent (tipo 21, similar a nuestras H?rcules y Sant?sima Trinidad , ambas protagonistas de la recuperaci?n del 2 de abril de 1982). El funcionario habl? de alrededor de 20 muertos y 30 heridos.

La Argentina perdi? en esos ataques 19 Skyhawks de la Fuerza A?rea y tres de la Armada. Pero eran aviones viejos (los A4Q se hab?an fabricado a principios de los 60) frente a una de las marinas m?s modernas del mundo.

El as franc?s de la Segunda Guerra Mundial, Pierre Clostermann, escribi? en una carta a sus colegas argentinos: "Nunca en la historia desde 1944 un piloto enfrent? tantos obst?culos mortales como ustedes; ni los ingleses en 1940 en Londres ni los alemanes en el 45".

El enviado de la BBC de Londres con la flota brit?nica, Brian Hanraham, fue m?s gr?fico: "Los pilotos argentinos se comportaron como verdaderos kamikazes", dijo.




(1) Cada vez que se combinan el fr?o y la humedad, Alberto vuelve a sentir dolor en la nuca. Ha visitado varios especialistas y todos concluyeron lo mismo: tendr? que convivir con la distensi?n.

(2) De esas algas marinas caracter?sticas de Malvinas, llamadas kelps en ingl?s, proviene el gentilicio informal kelpers con el que se identifica a los pobladores de las islas.

(3) Tony conserva la grabaci?n original del mensaje. Y una doble curiosidad: ayud? al argentino que hab?a liderado el ataque letal contra la HMS Ardent y un mes despu?s de la guerra conoci? al capit?n de la fragata, Alan West.

(4) El 22 de mayo el ministro Nott confirmaba que empleando 100 buques y 25 mil hombres Gran Breta?a hab?a establecido exitosamente una cabeza de playa de 2.590 hect?reas en la isla Soledad, con cinco mil efectivos: "Volvimos a Malvinas para quedarnos", sentenci?.

(5) "Graciela pensaba que me hab?a perdido", alcanza a decir hoy Alberto antes de que las l?grimas le impidan continuar.

(6) El 25 de mayo de 1982, en su mensaje de salutaci?n por el aniversario de la Revoluci?n de Mayo, el presidente norteamericano Ronald Reagan suscribi?: "Nunca ha sido tan importante reafirmar los comunes intereses y valores que unen a la Argentina y a los Estados Unidos, y reiterar nuestro compromiso de cooperaci?n en este hemisferio".

La historia demostr? que efectivamente su gobierno hizo honor a ese "compromiso de cooperaci?n"..., pero con Inglaterra. Incluso en esa misma fecha qued? claro: su secretario de Estado, Alexander Haig, estimaba que Gran Breta?a derrotar?a en breve plazo a la Argentina y ped?a a Londres que fuera "magn?nima en la victoria".

Cada mediod?a de domingo, durante la guerra, se reun?an entre 70 y 90 personas en el club Gloria, cerca de la estancia de Tony Blake. Des Peck le?a sus poemas y todos brindaban por la Reina y por las fuerzas brit?nicas.

"Probablemente Des era el ?nico poeta de las islas --dice Tony--. Y no muy bueno que digamos: creo que nadie va a juntar sus escritos para publicar un libro, ahora que ha muerto."


Fuente:

Abel Escudero Zadrayec, Diario La Nueva Provincia (09/11/03)

http://www.elchenque.com.ar/his/temrel/03/pilobahie.htm

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MensajePublicado: Jue May 22, 2008 5:03 pm    Asunto: Responder citando

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MensajePublicado: Jue May 22, 2008 5:04 pm    Asunto: Responder citando

Uno de los buques protagonistas de San Carlos volviendo a su pa?s:



Saludos, JPL.
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MensajePublicado: Jue May 22, 2008 5:05 pm    Asunto: Responder citando








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MensajePublicado: Jue May 22, 2008 5:06 pm    Asunto: Responder citando

El HMS Antrim con muchos impactos de ca?on del 21 de mayo. Adem?s recibi? 2 impactos de bombas de 1000 libra que no explotaron. (Fuente: La batalla por las Malvinas - Fuerzas Navales- Osprey)



Saludos, JPL.
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